miércoles, 9 de abril de 2014

El miedo sacude a La Habana.

Las últimas noticias en la capital cubana muestran la inusitada apertura de la crónica roja en los medios estatales de difusión, dada la repercusión social de actos de violencia capaces de generar un Thriller como el famoso “A Sangre Fría”, de Truman Capote, uno de los fundadores del llamado Nuevo Periodismo.
 Hechos como el  asesinato múltiple donde un joven mató a martillazos a un niño de diez años, a su amante de cuarenta y nueve, además de  una señora mayor de sesenta convulsionó a los capitalinos. Luego  nos enteramos  que una muchacha fue  apuñaleada en la calle  a plena luz del día.  Y el lunes pasado la policía encontró una jabita  de nylon con restos humanos en el   parque  ¨ La Maestranza¨ de  la muy turística Habana Vieja.
Vivimos de susto en susto,  hay  violencia y criminalidad en las calles. Poner rejas en ventanas y puertas es hoy un jugoso negocio. Un detalle significativo es  ver rejas en apartamentos correspondientes a los pisos altos de cualquier edificio capitalino. La gente tiene miedo y no se fía ni siquiera de la altura si de ladrones o asaltantes se trata.
El absurdo llegó a los parques, la reconstrucción del emblemático parque Maceo junto al Malecón habanero, incluyó rejas altas y custodios armados, con un puesto de mando en la entrada, imitando una auténtica unidad militar, lejos de la original concepción de un área verde de libre acceso, pulmón citadino sin condiciones previas para los ciudadanos.
La  cocaína y  la marihuana  se pueden comprar  en  cualquier barrio. Es  frecuente que la brigada antidroga  tenga que intervenir en algún centro nocturno. Y por  las noches falta el transporte público, los dueños de viejos coches americanos se niegan a montar a  grupos de jóvenes porque saben que no les van a pagar y posiblemente los asalten.
Muchos obvian la popular costumbre de irse a la playa o  disfrutar de los  carnavales por temor a una bronca tumultuaria,  muy común en esos lugares. Y para el colmo, se habla de pandillas de homosexuales y transexuales  que utilizan jeringuillas con sangre contaminada de VIH en sus peleas callejeras.
Si vamos al fondo de tanto miedo y tanta violencia, siempre salen a flote las frustraciones de  un sistema económico que es un desastre, sin esperanza  cierta de encontrar un camino diferente.
Se ha impuesto en la sociedad cubana el  ¡sálvese quien pueda!.
 Auguro un éxito permanente a la crónica roja de nuestros periódicos.

  Por Mario Hechavarria Driggs, periodista independiente 


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