Recientemente recibí
una solicitud vía correo electrónico, pidiéndome sumarme a una campaña contra
el embargo económico de los Estados Unidos contra mi país. Firmar el SI parecía
sencillo, bastaba con hacer clic en una lista azul conocida como Link. Pero ahí mismo comenzaron mis tribulaciones.
El servidor de Email es
correodecuba.cu, administrado por una empresa perteneciente al monopolio
estatal, reconocida con el acrónimo ETECSA, dentro del Ministerio de la
Informática y las Comunicaciones. Hice clic, esperando ansioso el cuadro de
diálogo donde ejecutar mi firma: unos minutos de espera, sumando dinero
perdido, fueron la respuesta. La opción está denegada según el programa creado
para este servidor.
Comenzó a dolerme la
cabeza, pensando, primero en mi auténtico derecho a responder al reclamo,
segundo, buscando una alternativa, sumando además el dinero perdido en pesos
convertibles, intentando alcanzar el objetivo.
Cuba ofrece otras
“opciones”, una palabra cuya interpretación debemos dilucidar frente a quiénes
andan fuera de nuestra vida diaria. Puedo ir a un hotel, pagando internet al
mínimo de seis dólares la hora. En este caso, debo hacer previamente un
registro de correo electrónico, utilizando servidores internacionalmente
reconocidos como gmail, Yahoo, Hotmail o cualquier otro de los más conocidos.
Si consigo hacerlo,
difícil porque los requisitos incluyen una conexión telefónica internacional,
generalmente denegada a los cubanos, pudiera enviarles la nueva dirección electrónica a los solicitantes,
recibir otra vez su petición y, finalmente, presionar el Mouse en el vínculo
adecuado. Sacando cuentas, contradecir la política norteamericana hacia Cuba
puede costarme el salario de un mes, todo por las inexplicables prohibiciones
internas en cuanto al uso de las telecomunicaciones.
Una segunda posibilidad
es irme hasta una oficina de ETECSA, donde hay “internet libre para cubanos”,
al decir de la prensa oficial, servicio pagado a razón de 4.50 pesos
convertibles la hora. El equivalente a una jornada laboral en la red de redes,
sería igual a la mitad del salario mensual de un médico especialista, ahora
cuando cobrarán un aumento de salario.
Los procedimientos
serían los mismos que intentar hacerlo desde un hotel, habrá una ligera
diferencia en cuanto a precios, pero tratándose esta vez de cubanos, es de
esperar un sinnúmero de páginas web bloqueadas. Los burócratas del gobierno no
paran en pequeñeces a la hora de decir NO.
Acudo a una Aspirina,
me sacudo la cabeza, buscando otra posibilidad fuera de esas proclamadas
opciones de mi estado socialista. Finalmente recuerdo la existencia de un
servicio gratis, totalmente gratis, ofrecido por la embajada americana. Bueno,
no es realmente una embajada porque Cuba y los Estados Unidos rompieron sus
vínculos diplomáticos en 1963, oficialmente se trata de la Oficina de Intereses
de los Estados Unidos de América en La Habana, cuyas siglas en inglés son SINA.
Ciertamente, me
comentan algunos amigos, la SINA ofrece el internet gratuito toda la semana,
pero, tremendo obstáculo, visitarla es clasificarse automáticamente como
contrarevolucionario, aliado del enemigo secular de la revolución cubana.
De acuerdo a la proverbial
democracia de los americanos, de seguro ni me preguntarán por el simple hecho
de hacer clic a una demanda ampliamente debatida entre ellos. Por cierto, días
atrás visitaron nuestro país los más altos representantes de la Cámara de
Comercio norteamericana.
Lo que no fallará es la
cámara oculta de los servicios cubanos de Seguridad del Estado, registrándome
si trato de acceder a este internet libre y gratuito, un servicio por fin fuera
de bloqueo alguno.
¿Me arriesgo en pos de
ofrecer mi cívica respuesta a la pertinaz política imperialista?
Aún no me he decidido,
considerando los graves riesgos del otro bloqueo, el creado por las autoridades
gobernantes de mi país.
¿Bloqueo contra
bloqueo, no habrá una explicación propia de tal controversia, capaz de
revelarme la verdad de este medio siglo de enfrentamientos?
Lo pensaré antes de
tomar la decisión definitiva, rumbo a la Embajada americana.
Por Mario Hechavarria Driggs
No hay comentarios:
Publicar un comentario