miércoles, 17 de septiembre de 2014

¿A dónde irá a parar la Manzana de los Gómez Mena?

La Manzana de Gómez es un enorme edificio ubicado en La Habana Vieja, cuyas aceras interiores son auténticas calles sin tránsito vehicular, el mismo estaba a punto de causar  otro estruendoso derrumbe, cuando decidieron convertirlo en el Gran Hotel “Manzana”, bajo la firma de una compañía suiza.
La auténtica Manzana de los Gómez Mena data de 1917, parte del enorme patrimonio de esta acaudalada familia habanera de origen castellano español, dueña de varios centrales azucareros, entre ellos el antiguo Mercedita, rebautizado por la Revolución Gregorio Arleé Mañalich, emblemática agro industria de la fértil llanura roja habanera, cercana a Güines.
En su tiempo fue el centro comercial más importante de la capital cubana, sede de numerosas legaciones diplomáticas, academias dedicadas a promover el desarrollo económico, incluyendo el Instituto Iberoamericano de Cultura, presidido por el sabio Don Fernando Ortiz. Los Gómez Mena fueron llamados erróneamente “gallegos”, dada la costumbre criolla de aplicar este gentilicio a todos los peninsulares ibéricos, lo importante es que son recordados como exitosos negociantes, a la par mecenas de las artes y los deportes en nuestro país.
La promesa de un socialismo capaz de distribuir mejor la riqueza, además de aumentarla continuamente, fue el argumento para nacionalizar las propiedades de esta y otras muchas familias opulentas, terminando la famosa “manzana” en sede de varios centros educacionales, donde miles de habaneros de todas las edades concurrían diariamente. El piso bajo permaneció en su original condición de área para servicios comerciales y gastronómicos.
El edificio original se componía de unos 560 cubículos, con ocho elevadores divididos en cuatro secciones porque los arquitectos diseñaron dos auténticas calles cruzadas en su inmenso interior, dividiendo el inmueble a partir de esta cruz, alzada hasta cinco plantas. Nada igual fue visto en Cuba antes, compitiendo con lo mejor de su época en el mundo desarrollado.
Los años revolucionarios fueron pasando, cobrándole al edificio neoclásico las deudas de un continuado abandono. Numerosas habitaciones superiores fueron vaciadas ante el deterioro de sus estructuras, amenazando posibles derrumbes. Hay testimonios elocuentes de aulas donde las clases eran repentinamente interrumpidas durante una tormenta de verano porque nunca fueron reparados los ventanales.
Cuando finalmente decidieron venderle el edificio a la compañía helvética que pretende salvarlo, ni siquiera funcionaba uno de los ocho elevadores de antaño. Los estudiantes fueron finalmente evacuados, me imagino que muy contentos ante la disyuntiva de continuar subiendo aquellas empinadas escaleras de mármol, con numerosas losas partidas o definitivamente perdidas, con la obligación de pensar detenidamente cada paso.
Los Gómez Mena, emparentados con otras célebres familias de la aristocracia cubana, como los Fanjul y los Seiglie, terminaron en una mejor suerte fuera de sus lares, añorando al Club de pelota Almendares, la Academia de Historia de Cuba, varios museos y sus productivas fábricas de azúcar, especialmente el Mercedita, antes todo un símbolo nacional, hoy chatarra desaparecida por decisión gubernamental.
Los centros educacionales impuestos por la revolución acaban de evaporarse, las tiendas, heladerías y demás cafeterías igualmente desaparecieron; nada queda para los habituales habaneros que noche a noche invadían la manzana de Gómez junto al Parque Central. Ahora puede verse un cierre temporal, determinado por los peligros propios de la reconstrucción, cuyo final será otro hotel lujoso donde muy poca cabida tendremos nosotros.
Nada, primero le quitaron la manzana a los Gómez Mena, ahora acaban de quitársela a todos los cubanos.

 Por Mario Hechavarria Driggs, periodista independiente.



.

No hay comentarios:

Publicar un comentario