miércoles, 7 de octubre de 2015

“Salida definitiva del país”, un viejo concepto en crisis.

Dayron Robles y Norberto González se reincorporan al deporte nacional, los médicos también pueden hacerlo.
Muy bien le ha ido al zurdo cienfueguero, ex integrante del equipo Cuba, quien archiva tres victorias al hilo en el presente campeonato cubano de Beisbol. El regreso del campeón olímpico y ex recordista mundial de los 110 con vallas clasificó entre las 5 noticias más leídas de Granma en su versión digital, de acuerdo a la información semanal del periódico.
Las recientes decisiones estatales respecto a los atletas y los médicos, atestiguan la crisis de una de las más antiguas prácticas discriminatorias establecidas por la naciente revolución durante sus primeras confrontaciones políticas, especialmente con los Estados Unidos.
Varias frases se acuñaron en aquellos añosa sesenta: Los que se fueron, título de un compendio de entrevistas hechas por el periodista Luis Báez, refleja el concepto, irse a otro país era un obligado viaje sin regreso, suponía abandonar definitivamente la tierra donde se nace, sin vuelta posible. La medida, claramente discriminatoria, era también ilegal, tal y como se argumentará en los siguientes párrafos.
Después de la famosa crisis del Mariel, la administración republicana de Reagan adopta una política “dura” frente al gobierno de Fidel Castro, contrastante con la conciliatoria postura del Nobel y anterior presidente Jimmy Carter. Pasaban de 100 mil los inmigrantes de aquella ola, marcada nacionalmente por la propaganda oficial bajo el lema, se van los delincuentes, los traidores, todos conceptualizados con el estigma de “escorias”.
Las estadísticas, junto al sentido común, permiten saber que tal avalancha humana no podía ser, ni siquiera en un 50 %, de personas sentenciadas por delitos comunes. De ser presos políticos, la cifra sería aún mucho menor. No obstante, el gobierno cubano aprovechó para aligerar la presión en sus siempre bien nutridas prisiones.
El resultado final fue que en Washington decidieron no aceptar a la auténtica escoria, los llamados “excluibles”, entonces algo más de 2000 personas que volvieron a delinquir en tierras norteamericanas. Reagan exigió el regreso de tales inmigrantes y Fidel tuvo que aceptarlos. Por vez primera, de forma clara y masiva, hacía crisis el concepto “salida definitiva del país.”
Es universalmente aceptado que las personas tienen seguro refugio, obligado, en su país de origen, inclusive si cometen delitos, considerando la existencia de un estado de derecho allí donde nacieron, donde ostentan la ciudadanía primigenia. La razón obliga y desde entonces los hechos superaron al silencio cómplice de la propaganda oficial en torno al repetido concepto “salida definitiva del país.”
Pasó una década, cayó el muro, desapareció la URSS y llegó a Cuba en visita oficial Juan Pablo II, el controvertido Papa, hoy Santo, proclamó la apertura de la nación desde adentro hacia fuera y viceversa, en su presencia, ante miles de congregados, contando con millones de telespectadores, apareció una atrevida respuesta por parte de uno de sus obispos, Monseñor Pedro Meurice Estiú, quien proclamó acertadamente: “La Patria es de todos.”
La reciente aceptación de los deportistas idos por decisión propia que desearon volver, así como la proclama similar relacionada con los profesionales de la salud, abre una nueva interrogante ante la actual política gubernamental, caracterizada por la siguiente frase del actual presidente, “Sin prisa pero sin pausa”.
Urgen los cambios y sobre todo la profundidad de los mismos. ¿Se permitirá el libre ir y venir de los cubanos, sea cual fuere su ocupación, vivan donde vivan y piensen como piensen?
Precisamente ante otro Sumo Pontífice, frente a miles de personas y contando igualmente con la televisión, un joven católico se adelantó planteando la suprema necesidad de hacer de Cuba el hogar común, de todos los nacidos en ella, sin distinciones políticas o ideológicas.
 La buena Madre y el buen Padre jamás abandonan a sus hijos, ni siquiera en el peor de sus momentos. Está en crisis la vieja imposición, políticamente discriminatoria e ilegal, que nos obligaba a la “salida definitiva del país.”

 Por Mario Hechavarria Driggs



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