miércoles, 12 de marzo de 2014

El imperio ruso amenaza.

Los últimos acontecimientos en Ucrania, directamente vinculados a Crimea, tienen ecos que llegan hasta el Caribe, recordándonos los años pasados del imperio soviético, ruso en su origen y esencia. Cuba no está al margen de esta historia.

Deberíamos recordar las múltiples guerras y otros conflictos donde fuimos involucrados los cubanos, como parte de la política dominante de Moscú, en la cual nos movíamos como un  satélite especial, aportando carne de cañón, además de ser un altavoz vocinglero, reclamando en cuanto foro internacional existiese.

Los  soviéticos ponían las armas y el dinero, nosotros los soldados a bajo precio, listos para defender los designios de una política global que, retorna amenazadora en la misma medida que Rusia, economía emergente, se levanta con su desproporcionada producción de combustibles fósiles.

La flota del mar negro anclada en Crimea es solamente un episodio de lo que pudiera venirnos encima. No olvidar que la llamada democracia rusa lo es a medias, dado un convenio entre el oficial de la inteligencia soviética (KGB) Vladimir Putin y el abogado Dmitri Medvédev  para eternizarse en el poder, quiénes además mantienen serias limitaciones a la libertad de expresión dentro del país más extenso del planeta.

Durante el primer mandato de Putin parecía que al fin saldríamos de la órbita moscovita, considerando la decisión de cerrar la base militar de radio escucha llamada Lourdes, ubicada cerca de La Habana como herencia de la crisis de octubre de 1962.

No deberíamos olvidar tales acontecimientos porque nuestro destino era desaparecer de la faz de la tierra, debido al contubernio entre el gobierno de nuestro pequeño país y las posiciones de los soviéticos, ajenos a nuestra geografía e historia.

La base  en Cuba fue cerrada y con ella se marchó una brigada militar de combate, cuyo último legado fue el más grande comercio clandestino entre nacionales y los llamados ¨bolos¨  hasta hoy recordado en nuestro país.

Rusia vuelve a la carga, extendiendo sus influencias. La psicosis anti norteamericana sigue dominando en los medios oficiales cubanos, apostando a Moscú como posible nueva superpotencia militar, capaz de contrarrestar al siempre denunciado “imperialismo yanqui.”

Seguimos siendo dependientes del material militar que antaño recibimos desde tierras eslavas. Igualmente necesitamos Petróleo y Trigo, además de precisar un soporte ante la obstinación de estar eternamente atrincherados frente a los Estados Unidos.

Como prueban los hechos en Ucrania, el nuevo imperio en ciernes no detiene su agresividad. Ya una vez estuvimos en su órbita, que parecía alejarse, pero como una resaca puede volver a atraparnos.

Un adelanto nos ha llegado con la presencia  del CCB-175, buque de la armada rusa dedicado a trabajos de inteligencia. El Almirante Vladímir Masorín, comandante de la Armada Marítima Rusa, declaró que su país abrirá  bases militares en  países amigos.

Considerando nuestro permanente estado de dependencia del exterior. Creo que Cuba no está a salvo de las ambiciones de los imperialistas rusos.


 Por Mario Hechavarria Driggs, periodista independiente.

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